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Mostrando entradas de junio, 2016
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MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES. Allá vamos…que suave seria ir camino al centenario y confrontar a la vieja zorra de la vejez sin rencores, como viejos amigos que se perdonan los agravios y sólo queda en ellos el amable recuerdo de la bonhomía de los buenos tiempos, con conciencia, con nostalgia, sin maledicencia.  Recibiendo la hora fatal que marca el final del reloj, con la sapiencia que sólo otorga la vejez, la buen vejez, producto de la No buena vida. Así es nuestro “Viejo Sabio”, un sibarita de doble vida, de día un respetable articulista, sin fortuna pero con reconocimiento y bajo la sabana nocturna y el cobijo de su sombra, un hábil y experto conocedor de los laberintos y recovecos de los espacios Noc santos, de sus umbrales, sus arrabales, sus Mama santas y sus niñas, sobre todo de estas. Buen conocedor de los clásicos literarios y gustoso de fino oído, de los placeres que da la carne, sobre todo la fresca, en sus versiones cóncavas y convexas, sin discriminación...
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ULISES CRIOLLO Un día cualquiera , te encuentras con un nuevo compañero de aventuras, que al poco rato se convierte en tu hermano , lo quieres, se convierte en entrañable, en el amigo de juergas, aventuras , parrandas, peleas. Como lo describirlo ? …inquieto, apasionado, inteligente, culto, enamorado, viajero, aventurero, revolucionario, leal, amigable, conversador y el otro lado de la moneda también tiene lo suyo, melancólico, condescendiente, deficitario, infiel, agachadizo  – el valiente también se agacha y se esconde, Alejandro Magno- En pocas palabras un ser humano de antología, ese amigo al quien siempre buscas por más que rabies con el, un hombre de su época y de su tiempo, así es el gran Ulises Criollo, “José Vasconcelos” Amigo y consejero de Francisco I. Madero, el gran Aristócrata de la Democracia, Testigo preciso de la masacre de la Ciudadela, Narrador del México de fin del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Fiel observador y personaje de primera línea del ...
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La mesera Tenía la costumbre de sentarme en la misma mesa, a la misma hora, ordenar lo mismo, leer el mismo diario y hasta leer las mismas noticias, era una añeja costumbre. La mesera sólo me daba los buenos días, sin tomarme la orden, pues a fuerza de lo mismo día, a día se va aprendiendo los gustos y las manías de los clientes, sabía que siempre tomaba café a tandas, y antes de que la taza estuviera vacía debía llenarse , la segunda taza acompañada de un polvorón, y a eso de la hora ordenaba enchiladas suizas, con dos piezas de pan a la plancha y este debería estar crujiente, así como las enchiladas caldosas, y el frasquito de pimienta para espolvorear no podía faltar. Era el ritual de todos los días, de todos los meses, de todos los años, sólo se interrumpía por algún viaje, fuera de placer o de negocio, o por alguna visita de mis hijas, que obligaba a salirme de agenda, a bien de complacer sus gustos y caprichos, mi relación con ellas, era más del abuelo a quien visitan su...