EL JARRON CHINO

EL JARRON CHINO




Era de la distancia Ming decían, un jarron chino muy bello y valioso, fue un regalo de una amigo de mi madre, de esos que quedaron muy agradecidos, alguna aflicción resuelta, la verdad nunca supe de que exactamente, pero debió haber sido algo delicado, para obsequiarle tal presente,  recuerdo aquel  día, tocaron a la puerta, yo era un niño, corrí por el pasillo a abrir  y ahí estaba un señoron - de niño no hay edades, sólo mides por tamaños , niños, jóvenes, señores y señorones, los bebes...eran otra cosa, pero aquel era un señoron -
-¿ El señoron, pregunto por mamá ?
-le conteste que no estaba , pero no le importo, me extendió aquel obsequio,  muy bien envuelto, 
-Dáselo a tu Madre, es un jarrón chino, lo adquirí en unos de mis viajes y dicho esto , se marchó.

Mi madre, lo puso en un pedestal al fondo, entre la sala de visitas y el área del comedor, justo donde más lucia, era un jarrón hermoso, hecho con incrustaciones de piedras color azul tornasol . otras rosas y  algunas como  como el color del salmón, ese que comíamos en días de fiesta , algún conocedor manifestó al verlo,  que eran piedras de lapislázuli , ópalo y coral  sobre porcelana, era un jarrón chino con algunos glifos , no me pregunten de que.
Crecí al lado de ese jarrón, era parte de mi casa, de mi hogar  y era algo más que un objeto , era un motivo de presunción de mi Madre y del mio propio, yo a mis amigos creo que les exageraba, les presumía que había pertenecido a  un poderoso emperador que lo mando hacer para halago de  una bella princesa, de los tiempos de cuando se construyo la muralla, mis amigos embebidos, sólo alcanzaban a sorprenderse más de mi historia que del propio jarrón, ya a ellos les correspondía con la debida carga de exageración contar su cuento  a los suyos,  de eso,  todos tenemos derecho.
Y así crecí con la siempre compañía del bello jarrón chino, como glifos .no me pregunten de que.

El inexorable paso del tiempo fue haciendo su labor, y hizo estragos en mi madre, vieja luego anciana...mi madre era curandera y por tal motivo siempre la visitaban y consultaban un sinfín de personas, para sólo saludarla, charlar o consultarla , esto la más de las veces, desde asuntos nimios como el superar algún evento casquivano del compañero, el como alejarse de  la bebida o algún otro vicio menor o mayor, que igual cotidianidades del cuerpo  como  el empacho, el susto, el dolor de huesos, el mal  de orin, o asuntos del corazón , como el mal  de  amores o los celos que matan, o asuntos que nunca entendí,  pues implicaba conocimientos de esos que no se ven, ni se se sienten, sólo se perciben, que son dones, como creo yo, mi madre poseía,  el espantar a la muerta o el muerto , al aparecido, al anima, remedios contra  el mal de ojo, o la mirada pesada.
En la casa materna iban, venían, entraban, salían, personas y personajes, así también el mobiliario, pues decía mi madre que  los objetos guardaban energías y que estos se debían de renovar constantemente  - esto lo practicaba mucho  antes de la moda del feng shui, tan en boga en hoy en día- . y pues así constantemente se cambiaban o la sala completa, la alfombra, los tapices, los sillones,las mesas, incluso tuvimos alguna sala de Antonio Panni, un afamado arquitecto o diseñador de la época y lo recuerdo por que la señora que se lo obsequio a mi madre, era del tipo aristócrata,  y  fue muy enfática en hacer gala que no era cualquier mueble, quizás con la intención de que mi Mamá intercediera de más con los de arriba, para su deseo imposible o casi, de obtener un buen partido para las hijas de la señorona, huelga decir carentes de gracia y sobradas de pedantería.
Todo lo mueble cambio en la casa , pero algo era  inamovible, daba la impresión de que todo lo mueble al menos, girara al rededor del jarrón chino con algunos  glifos ...no me pregunten de que.

Al final mi madre cedió ante aquello que no tenia remedio - el tiempo-  se despidió de mi, en un abrazo de esos que te dan suficiente calor para toda una vida, fue una mujer muy buena, no lo digo yo, pues el juicio de hijo nunca es objetivo, lo  digo por la cantidad de amigos, conocidos, familiares, vecinos que le acompañaron en su último adiós, tantos que me perdí en el marasmo de pésames, llantos, abrazos, saludos, no hubo quien se expresara de ella como una santa, o algo más.
Paso el tiempo y la vida continuó su ciclo, yo realice algunas de mis inquietudes, entre ellas viajar, lo hice por algunos años y si , también viaje a ese remoto, extraño y familiar lugar  China, familiar  sólo por el objeto del que les he platicado, ese jarrón chino con motivos ..no me pregunten de que.
Volví a la casa materna, me case y por halago a mi compañera,  ella ordeno las adecuaciones necesarias y a su gusto de la casa materna , esto aquí esto allá, cambiar este color, quitar ese mueble, incluso algún muro, sólo le pedí accediera a mi petición , todo..menos el objeto de mi infancia y juventud...el jarrón chino con glifos...no me preguntes de que,
Más por deferencia  al esposo que por gusto, mi compañera accedió, el jarrón permaneció encima del pedestal, al fondo de lo que antes fue la sala de visitas y el área del comedor, aunque ahora no precisamente tenia esa distribución la casa, pero el lugar físico permaneció inamovible.
La vida continuó , tuve hijos , dos hijas que con el tiempo hicieron lo propio, emigraron en busca de construir destinos propios, yo enviude,..quizás eso   me provoco una vejez prematura, me transforme de joven adulto, a viejo y de viejo , en un de repente, a señoron ...cierto día acicalandome frente al espejo mire  delante de  mi a un señoron...resultaria obvio, pues era yo frente a mi imagen ,  pero no, frente al espejo se me reflejo un rostro conocido, diferente al mio, aunque era el mi rostro...haciendo memoria en los anales de mi recuerdos , ahí donde nada se pierde, donde basta un rumor para que surjan en su principio nieblas de rostros y a fuerza de golpear  a la memoria, surgen espectros  que  van dando forma a tus recuerdos,  a los rostros olvidados o perdidos, pero al fin encontrados, porque por más que parezcan perdidos, siempre permanecen en el fondo,justo debajo de todo, ahí estaba frente a mi,  el rostro de ese señoron de mi infancia, aquel a quien de niño al escuchar el sonido del tóc, tóc, de la puerta, corrí por el pasillo de esta misma casa, y presuroso abrir  la puerta y mirar un señoron que obsequio ese jarrón a mi madre,  objeto inanimado que a la postre se convirtió en un testigo  fiel y callado  de los aconteceres del día del día de mi madre y de mi.
Me dio un vagido que se convirtió en vértigo, lo más juicioso hubiera sido recostarme, pero la curiosidad se transformo en enigma , quise descifrarlo al momento, ahora era cuando debía de aplicar mis conocimientos en el lenguaje mandarín, del algo me serviría, me traslade a donde el jarrón,  lo tome en brazos , me senté en un sillón  y los escudriñe con paciencia de monje..ahí estaba delante de mi el jarrón chino con glifos...un escalofrió me invadió  , claramente se apreciaba y sus glifos por tantos años desconocidos , ahora me gritaban por su claridad, glifos de exquisita filigrana, adornados con piedras, de lapislázuli, ópalo y coral, ahora no miraba la belleza, ahora leia clara, la historia  de un jarrón obsequiado a una mujer curandera, la siempre compañía de su hijo, la querencia de la mujer por los suyos, su final, el viaje del hijo siendo ya adulto, la unión de este, la procreación de sus hijas, la partida, la viudez..., y concluía con un viejo señoron recostado en un sillón..observando y abrazando en su lecho de muerte,  un jarrón chino.





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