EL TEMBLOR
Ruben esa mañana se despertó más temprano que de costumbre, en sus cuarenta y tantos años nunca había logrado nada trascendente , si bien fue un estudiante sobresaliente, en lo profesional no despego, todo se le hacia poco, por un pequeño tiempo tuvo un puesto de mediana importancia en la administración de la ciudad, pero su carácter intranquilo siempre lo orillaba a buscar mejores estadios lo que provoco que renunciara a los tres meses, muy a pesar de los consejos de su amigo, a la postre su superior
-Yo soy mejor que todos mis superiores y me enerva recibir ordenes de esos ignorantes, era su lema.
Se hizo distribuidor de pilas, de medicamentos, representante de productos de alta tecnología, hasta de implantes mamarios, pero nada le cuajaba, lo suyo era las grandes ligas-decía-.
Aquel Jueves era especial, un negocio altamente redituable se concretaría , había logrado a base de prestamos . a base de empeñar todo lo empeñable, vender todo lo vendible sea de su propiedad o no, juntar la cantidad suficiente para apartar un terreno magnifico en Tulum, una maravilla de propiedad , contaba con ocho cenotes y a escasos minutos del nuevo aeropuerto .
Una vez realizada la operación venderlo a unos inversionistas chinos, la operación le resultaría en pingües ganancias, le daría el estatus que siempre busco, comer en los mejores restaurantes, vestirse con las marcas de moda, de esas de diseñador, tener un automóvil digno de su persona y No el Valiant Acapulco, que conducía, - es un clásico , es una joya- era su argumento.
La cita era a las quince horas en el restaurante El Cardenal del centro histórico, se puso su mejor traje - bueno realmente el único- camisa blanca , mancuernillas mont blanc que consiguió prestadas con su amigo , el mismo que le presto el reloj Omega de acero, pues no le quiso prestar el Santos de Cartier, -Te quiero mucho pero no tanto , soltando una carcajada, le espeto . -
Todo estaba puesto, paso a un Sanborns a perfumarse con la esencia de moda,
-No alcanzo a tomar bien el aroma, le dijo a la vendedora y abuso de la fragancia, -
Regreso a su oficina a tomar aire, a mentalizarse , todo estaba armado con precisión de reloj suizo, la comida a las tres, de ahí a las cinco en la notaria, todo estaba armado , el cheque certificado lo había obtenido un día antes,
Eran las trece horas horas del jueves diecinueve de septiembre del dos mil diecisiete , listo para irse a la cita que cambiaría su historia , que le daría su anhelado mejor estadio de vida, cuando justo a las trece con catorce y cuarenta segundos, un mareo lo hizo caer en su silla, todo comenzó a crujir, la lampara a bambolearse, el café a derramarse de su taza, oyó gritos de las oficinas vecinas y el tropel de hombres y mujeres apresurados bajando las escaleras , le invadió el pánico y salio corriendo al igual que todos, no respeto jerarquías y paso sobre hombres y mujeres adultos y viejos, el terror lo correteaba, ya afuera en la calle, un mar de gente asustada, de su edificio y de los edificios y casas de la cuadra, su corazón hacia un esfuerzo por no salirse, vio rostros impávidos de miedo, como el de él, llego la calma a los pocos minutos y poco a poco todos los presentes fueron retomando sus actividades, los meseros del restaurante vecino, las costureras del las bodegas de enfrente, los empleados de la sucursal bancaria así como los clientes de la institución, todos se fueron incorporando poco a poco y con algo de mesura a sus instalaciones, sólo fue un susto decían los más, y los menos señalaban que no era seguro entrar.
Ruben miró su reloj- bueno en estricto sentido sólo la hora,- eran las trece veinticinco se le hacia tarde, para la cita que cambiaría su destino.
Camino para con rumbo hacia la avenida principal y tomar un taxi, en eso recordó que no traía consiguió el cheque, metió pies en polvorosa y corrió rumbo al edificio donde estaban sus oficinas, el conserje lo detuvo,
- No entre joven, puede ser peligroso-
-Sólo voy un momento jefe, ni un minuto me tardo, subió a zancadillas por las escaleras , algo polvorosas por las partes de plafon que se habían caído durante el temblor, vio algunos vidrios rotos, un par de zapatillas, algunos folders, pero fuera de eso pudo subir sin problema, ahí estaba su oficina, entro sin mayor complicación , abrió el cajón de su escritorio, lo volvió a cerrar, salió y quiso meterle llave a su oficina, la puerta ya no encajaba , las bisagras estaban torcidas, el marco caído
Afuera sólo vieron como se derrumbo el edificio, el conserje gritaba Joven Ruben !!!!!Salga, !!!!!
Ese día Rubén, cambio su vida a mejores estadios.
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